Política

"Ni Lula ni Bolsonaro van a hacer el ajuste fiscal que Brasil necesita"

La polarización, la crisis en la Corte Suprema de Justicia y la tensión entre católicos y evangélicos dejaron al debate sobre el futuro de la economía de Brasil fuera del debate electoral. ...

La polarización, la crisis en la Corte Suprema de Justicia y la tensión entre católicos y evangélicos dejaron al debate sobre el futuro de la economía de Brasil fuera del debate electoral. 

El gobierno de Lula se aferra a los buenos números crecimiento económico, la suba del empleo y el control de la inflación como razones suficientes para continuar en el poder. Por parte, Flavio Bolsonaro no detalló que tipo de modelo económico quiere llevar a acabo si gana las elecciones y se enfoca en el debate ideológico. 

En ese marco, LPO entrevistó al economista brasileño y profesor de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, Paulo Dutra Constantin, quien brindó un análisis detallado de lo que considera que debe hacer quien le toca ganar en las urnas. 

Constantin reconoció que los números de la gestión Lula son buenos pero aclaró que "podrían ser mejores" y adelantó que "Ni Lula ni Bolsonaro van a hacer el ajuste que Brasil necesita para ordenar las cuentas públicas". 

Para el economista, la falta de apoyo en el Congreso será determinante y si no hace un ajuste fiscal, el país puede comenzar un proceso inflacionario. En ese sentido, sostuvo que "Bolsonaro sería un presidente más frágil" y negó que pueda imitar el modelo de Milei. "Flavio y Lula tienen algunos puntos similares en el pensamiento económico", lanzó. 

-¿Por qué en esta campaña se está hablando tan poco de economía?

Cuando escuchamos a los dos candidatos, existen singularidades y diferencias sobre la percepción de la economía. Solo que, en principio, la economía resulta mucho menos atractiva para las campañas electorales de lo que es la agenda mas tradicional como religión, sexualidad, familia o criminalidad. Todo eso corre el foco.

Flavio Bolsonaro siempre habla de salvar en términos económicos pero él no trae demasiado el debate sobre economía y políticas macroeconómicas, tanto de política fiscal como monetaria. Creo que ninguno de los dos tiene capacidad de cumplir aquello que propone y  queda evidente que esa agenda más conservadora y tradicional termina siendo atractiva para los electores que cualquier agenda económica. 

Si uno mira la trayectoria de Bolsonaro padre, él siempre habló del respeto al liberalismo económico pero no era liberal, nunca lo fue. Utilizó a Paulo Guedes, que era un liberal formado en la Escuela de Chicago, para llevar adelante su gobierno. Bolsonaro venía de una formación en la Academia Militar de las Aguas Negras en la Armada y, básicamente, quienes se forman en la Armada tienen una visión desarrollista. Y esa visión está muy presente en el proceso económico brasileño con una presencia muy fuerte del Estado.

Flavio Bolsonaro no se aleja de eso y lo propone para su gobierno. De hecho, el dice que va invertir cerca de 900.000 millones de reales para promover el desarrollo económico y la infraestructura de Brasil. Entonces, la pregunta es: ¿Cómo puede hablar de eso con su electorado? 

Creo que ninguno de los dos tiene capacidad de cumplir aquello que propone y queda evidente que esa agenda más conservadora y tradicional termina siendo atractiva para los electores que cualquier agenda económica.

Por otro lado, Lula viene con un programa de aceleración del crecimiento que en caso de reelegir va profundizar. Por eso digo que en este punto están bastante cerca uno del otro y creo que, debido a esa proximidad en las propuestas económicas, es difícil que se puedan diferenciar. 

-Decir que Lula y Flávio tienen propuestas económicas es muy raro. 

No son exactamente propuestas similares. Hay algunos puntos similares. En los dos casos el Estado aparece como fuente de financiamiento estatal para la construcción de infraestructura. 

La diferencia es que, en el caso de Lula, se plantea una intervención mayor. Él entiende que las cuentas públicas no deberían ajustarse a cualquier costo y propone hacerlo con crecimiento de PBI, es decir, la tasa de endeudamiento del PBI va a quedar estable junto a la tasa de crecimiento. Si el PBI crece por encima del endeudamiento, todo va a estar bien. ¿Pero cuánto crecimiento puede generar Brasil?

-¿Y Bolsonaro?

Bolsonaro no. Dice que va a cortar algunos privilegios que yo creo muy difícil que eso ocurra. 

-¿Cuáles serían esos privilegios?

Principalmente en el sector productivo. No propone ajustar los beneficios sociales como Bolsa Familia, Educación o Salud, ambos proponen un gasto importante en ese sector. Pero sí habla de importar para el sector industrial. No veo la estabilidad política para hacer eso.

-¿Por qué?

Doy un ejemplo. En el comienzo del gobierno de Lula se habló de reducir esos subsidios al sector industrial. Fue al Congreso pero lo vetaron y se decidió continuar con los subsidios. Si Lula no consiguió hacerlo, Bolsonaro mucho menos, tampoco plantea reducirlos. Lo que sí propone es una reducción de aproximadamente el 30% en el IVA, es decir, abre una negociación de algunos puntos de la recaudación. Si esto se le suma al mantenimiento de los gastos sociales y la inversión en infraestructura, las cuentas no cierran. 

No son exactamente propuestas similares. Hay algunos puntos similares. En los dos casos el Estado aparece como fuente de financiamiento estatal para la construcción de infraestructura

Entonces, lo que probablemente vamos a tener es una continuidad con déficit que va a presionar al Tesoro y el Banco Central va a mantener una tasa de interés alta. Esto en ambos casos, gane Lula o Bolsonaro, por eso digo que en este aspecto no hay tantas diferencias. 

-Hay quienes dicen que el próximo gobierno tiene que hacer un ajuste de dos puntos del PBI. ¿Coincide?

No creo que ninguno vaya a hacerlo. No vamos a conseguir ajustar las cuentas públicas de Brasil porque el gasto está muy cristalizado. Aproximadamente el 90% de todo lo recaudado está comprometido. De ese total, apenas alrededor del 10% corresponde a gastos discrecionales. Y hoy el Congreso tiene un 20 por ciento de esos recursos a través de las enmiendas parlamentarias. 

En ese sentido, yo veo que el Congreso prefiere mucho más a Bolsonaro que a Lula porque es más frágil políticamente y podría ser rápidamente presionado para no sufrir un proceso de impeachment. 

-¿Cree que Bolsonaro puede ser un presidente fragil? 

Si, porque hoy todo nuestro sistema político funciona de una manera en la que cualquier presidente que llegue al poder tendrá que negociar con el Congreso para aprobar reformas. 

El presidencialismo brasileño fue perdiendo fuerza y quien ganó fuerza fue el Congreso. ¿Cuándo fue que se perdió la llave del poder presidencialista? Durante el gobierno de Bolsonaro que tuvo más de 150 pedidos de impeachment. El Congreso terminó teniendo una capacidad de presión muy grande y Bolsonaro cedió. 

-Si las cuentas no cierran y tanto Bolsonaro como Lula no hará el ajuste que se necesita. ¿Brasil se encamina a una crisis?

Desgraciadamente veo que podemos tener un retorno del proceso inflacionario. No una hiperinflación como la que tuvimos en el pasado. Pero, para evitar eso vamos a entrar en una recesión. Ahí es donde entra la política monetaria que está en manos del Banco Central. Afortunadamente, el Banco Central obtuvo su independencia durante el gobierno de Bolsonaro. 

En las elecciones de 2022, esa independencia no le dio una ventaja electoral a Bolsonaro y actualmente tampoco está haciendo una política monetaria favorable al gobierno de Lula. Por el contrario, el presidente actual está conduciendo la política monetaria de manera bastante estructurada.

Yo veo que el Congreso prefiere mucho más a Bolsonaro que a Lula porque es más frágil políticamente y podría ser rápidamente presionado para no sufrir un proceso de impeachment.

Pero si el Congreso decide que no vale la pena mantener la independencia del Banco Central y autoriza que vuelva a estar bajo el control de la Presidencia de la República, podríamos entrar incluso en un proceso hiperinflacionario. La inflación suele aparecer en momentos de política fiscal desajustada. 

-¿Cómo evalúa los cuatro años de Lula?  El gobierno mostró indicadores positivos: crecimiento económico, aumento de empleo y una inflación relativamente controlada. 

-Los indicadores son buenos pero podría haber sido mucho mejor. Como les digo a mis alumnos, Brasil está perdiendo una gran oportunidad. Somos un país mucho más desarrollado que otros países, pero estamos dejando de lado cuestiones estructurales y concentrándonos demasiado en temas tradicionales, familiares, religiosos y otros asuntos que terminan ocupando la agenda. Cuando un país tiene un nivel de crecimiento importante, también consigue atraer más inversión financiera internacional. 

Durante el segundo mandato de Lula hasta la crisis de 2008, el gobierno condujo la política macroeconómica siguiendo el llamado trípode macroeconómico: responsabilidad fiscal, metas de inflación y tipo de cambio flexible. Eso permitió mantener cierto control de los gastos, de las tasas de interés y del gasto público. Después de la crisis se tuvo que aumentar el gasto. Lula tuvo éxito en buena medida porque pudo conducir una política económica que generó tranquilidad, pero también fue favorecido por otros factores. 

Luego, Dilma Rousseff abandonó esa orientación y aceleró el gasto público. El resultado fue un proceso de deterioro económico y terminó en el impeachment.

Michel Temer comenzó a hacer algunos ajustes pero tuvo que negociar para llegar bien al fin de su mandato. Luego llegó Bolsonaro que comenzó con la reforma previsional, que ya había sido preparada durante el gobierno de Temer. 

La reforma de Bolsonaro fue más profunda y se estimaba que podía generar un ahorro de alrededor de 1,2 trillones de reales en diez años. La reforma afectaba especialmente al sector público y a los militares. Paulo Guedes intentó avanzar también sobre otros sectores pero no puedo y Bolsonaro abrió la negociación con el Congreso y la reforma fue otra. Se redujo a 800 billones en diez años. 

Después llegó la pandemia y, como ocurrió en prácticamente todos los países, aumentó el gasto público. Pero no hubo posteriormente un ajuste suficiente.

Lula tampoco está haciendo en las cuentas públicas todo lo que debería. Por eso creo que deberíamos volver al trípode macroeconómico desarrollado por el equipo económico durante el segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso: responsabilidad fiscal, metas de inflación y tipo de cambio flexible. Sin eso, no vamos a conseguir una política macroeconómica sustentable en el tiempo y vamos a quedar atrapados en un ciclo en el que Brasil no consigue crecer de manera sostenida durante un largo período. Y no veo capacidad ni en Bolsonaro ni en Lula para articular y hacer las reformas necesarias. 

-¿Por qué el Pix se convirtió en una cuestión de soberanía y cuál es la importancia de una herramienta como esa? 

Pix se convirtió en una herramienta fundamental porque permite transferir dinero de una persona a otra de manera inmediata y sin los costos que tradicionalmente tenían las operaciones bancarias. Es una facilidad muy diferente. Yo estaba recientemente en Polonia y, como residente en Brasil, pude hacer una transferencia para pagar algo allí y fue inmediata. Pix surgió como una forma de simplificar esas operaciones. 

Los indicadores son buenos pero podría haber sido mucho mejor. Como les digo a mis alumnos, Brasil está perdiendo una gran oportunidad. Somos un país mucho más desarrollado que otros países, pero estamos dejando de lado cuestiones estructurales y concentrándonos demasiado en temas tradicionales, familiares, religiosos y otros asuntos que terminan ocupando la agenda.

Todas las transacciones que hacemos utilizando el sistema bancario tenían algún costo. Pix eliminó buena parte de ese costo. Por eso es una herramienta muy positiva del Banco Central y del sistema bancario para facilitar las transacciones. Para las personas de baja renta terminó convirtiéndose en una forma muy fácil de hacer operaciones. La velocidad de las transacciones también genera una circulación mucho mayor de dinero. 

Conversé con un profesor que me decía que Pix es una especie de copia de mecanismos desarrollados por empresas tecnológicas de Estados Unidos. Tomamos información y tecnología desarrollada por esas empresas, la adaptamos y utilizamos el sistema sin pagarles por ello. Yo no estoy de acuerdo y creo que Brasil tiene capacidad para desarrollar sus propias herramientas. 

Las empresas tecnológicas estadounidenses dejaron de obtener determinados recursos y, sobre todo, información. Y esa información es muy valiosa: saber qué compra la gente, qué vende, cuánto paga y qué está haciendo. Eso permite actuar sobre el comportamiento económico. Por eso, más que una cuestión de defensa de las empresas estadounidenses, existe también una disputa sobre quién controla la información de las transacciones. 

La discusión sobre Pix, entonces, también puede ser vista como una disputa tecnológica y económica.  

-¿Cuánto afectaron a la economía brasileña los aranceles de Trump? 

Podría haber afectado más. El primer arancel impactó más que el segundo. Lo que ocurrió durante el último año fue que Brasil buscó rápidamente nuevos mercados. Nuestra diplomacia actuó muy rápido y buscó alternativas para venderles a esos países. 

Hay casos muy específicos. Por ejemplo, una industria de Santa Catarina que produce madera para casas tenía Estados Unidos como destino. Esa madera se utilizaba, entre otras cosas, para determinados proyectos. Cuando esa demanda terminó, el impacto podía ser importante. pero el impacto general fue menor porque nuestra diplomacia buscó ampliar los mercados. 

-¿Cómo percibe al mercado en vísperas de este proceso electoral? 

Cuando hablamos de mercado, básicamente hablamos del mercado financiero, de Faria Lima. Yo veo algún tipo de distinción. Son los dueños del capital y no importa para ellos si gana Lula o Flávio Bolsonaro porque seguirán ganando dinero. 

Deberíamos volver al trípode macroeconómico desarrollado por el equipo económico durante el segundo mandato de Fernando Henrique Cardoso: responsabilidad fiscal, metas de inflación y tipo de cambio flexible

Algunos prefieren a Lula porque ya conocen cómo funciona el proceso. Ya saben cómo conduce el gobierno. Si fuera un cuarto mandato, ya saben cómo funciona. Prefieren un viejo conocido.  Flávio, en cambio, representa una incógnita. No saben qué puede suceder. Si tomamos los grandes bancos tradicionales no sé si ven con buenos ojos una victoria de Flavio Bolsonaro y pondrán sus reglas para evitar una crisis sistema mayor en el mercado financiero. 

A su vez, algunos grandes tenedores de capital financiero prefieren a Bolsonaro, porque habla de hacer un ajuste fiscal y administrativo.

 Pero aunque Faria Lima pueda apostar por Flávio Bolsonaro y creer que él conseguirá hacer las reformas, yo no creo que vaya a conseguirlo, porque no tiene la base política necesaria para llevarlas adelante.

-¿Cree que Bolsonaro va a intentar construir un modelo parecido al de Milei?

No creo. El Congreso no lo va a permitir. Milei tuvo más apoyo en el Congreso de lo que uno esperaba pero Flavio no tendrá ese soporte porque ese recorte va a afectar a los políticos que ayudaron a Bolsonaro en la campaña. 

Podría reducir el aumento salarial o hacer recortes en salud, el sistema previsional o educación pero eso impacta a todos y no tiene fuerza para hacerlo. Dice que va cortar el número de ministerios pero no hace la diferencia, es un maquillaje barato. 

Fuente: https://www.lapoliticaonline.com/entrevista/ni-lula-ni-bolsonaro-va-a-hacer-el-ajuste-fiscal-que-brasil-necesita/

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