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miércoles, noviembre 30, 2022
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Nacho, en «Boca» de todos

Después de primer River-Boca copero, jugado el martes en el Monumental, todos los flashes apuntaron a Nacho Fernández, autor del segundo gol y dueño de la pelota cuando a muchos le quema. El muchacho de Dudignac atraviesa su mejor momento, fue tapa de todos los diarios post partido y hoy La Nación le dedica una nota cargada de elogios

«River-Boca: Nacho Fernández, el flacucho que todo lo sabe y lo ejecuta con maestría»
Ignacio Fernández sabe todo, absolutamente todo. Nacho no tiene reemplazo en el aceitado engranaje de River. Es el titiritero, el hombre que rompe el molde. Lo es desde hace tiempo; también lo fue durante el primer capítulo de las semifinales de la Copa Libertadores frente a Boca, en el Monumental. No solo porque anotó el segundo gol (el 2-0 final), después de una pared en velocidad con Matías Suárez, sino por todo lo que transmite: a sus compañeros, al entrenador (Marcelo Gallardo) y al público. Cultor del perfil bajo, se convierte en fuegos artificiales cuando se adueña de la pelota con esa zurda que por momentos parece frágil, pero es tan filosa como contundente. El ex hombre de Gimnasia La Plata vivió lo mejor de la historia reciente millonaria como uno de los indispensables. Pero hoy, mantiene esa esencia, sin Pity Martínez (jugando en la liga de EE.UU.) ni Juanfer Quintero (regresando en breve después de una severa lesión de rodilla), los dos máximos creadores con los que contó Gallardo en el último tiempo.

Ignacio Fernández sabe todo, absolutamente todo. Nacho no tiene reemplazo en el aceitado engranaje de River. Es el titiritero, el hombre que rompe el molde. Lo es desde hace tiempo; también lo fue durante el primer capítulo de las semifinales de la Copa Libertadores frente a Boca, en el Monumental. No solo porque anotó el segundo gol (el 2-0 final), después de una pared en velocidad con Matías Suárez, sino por todo lo que transmite: a sus compañeros, al entrenador ( Marcelo Gallardo) y al público. Cultor del perfil bajo, se convierte en fuegos artificiales cuando se adueña de la pelota con esa zurda que por momentos parece frágil, pero es tan filosa como contundente. El exhombre de Gimnasia La Plata vivió lo mejor de la historia reciente millonaria como uno de los indispensables. Pero hoy, mantiene esa esencia, sin Pity Martínez (jugando en la liga de EE.UU.) ni Juanfer Quintero (regresando en breve después de una severa lesión de rodilla), los dos máximos creadores con los que contó Gallardo en el último tiempo.

Ya lo dijo Juan Román Riquelme, uno de los máximos ídolos de la historia xeneize (sino el máximo referente), hace un puñado de días, al presentar su partido despedida: «El que juega bien, juega bien. Yo no tengo dudas de que Nacho (Fernández) es el mejor jugador del fútbol argentino desde hace mucho tiempo. Soy una persona que le gusta ver cómo juegan a la pelota. Fue el que nos complicó la vida y nos dio vuelta la final en Madrid, el culpable fue él. El día que nos tocó jugar la final en Madrid, en el gol de Pratto, hizo algo que no es normal en una final. Decirle a un compañero, con el arco libre, ‘tomá y hacelo’ no es normal. Agarró la pelota en mitad de cancha, la llevo hasta el área y le dijo ‘hacelo’…». Tal fue el daño que Fernández le hizo a aquel Boca dirigido por Guillermo Barros Schelotto, que el propio Mellizo intentó llevarlo a Los Ángeles Galaxy a principios de esta temporada, cuando al exnúmero 7 debió emigrar de la Ribera y buscar trabajo como entrenador en el exterior, bien lejos de las luces azul y oro.

Nacho no necesita tener peinados raros, tatuajes ni barba para llamar la atención. Tiene un físico flacucho que hasta lo hace parecer débil. Lleva brackets en su dentadura y su pelo es corto y prolijo. Sus compañeros lo llaman, amistosamente, «sordo», porque tiene problemas de audición de los que deberá operarse en un futuro. Tiene 29 años, pesa 67 kilos, mide 1,82 y parece mucho más joven de lo que es. Cuando traslada la pelota, muchas veces, parece que en cualquier momento la perderá o trastabillará, sin embargo es difícil que pierda el control. Corre y juega, piensa, cubre y retrocede. Si se destaca, es imposible que River juegue mal. Juega, marca, gambetea, se desgasta y tiene gol; siempre es clave para el Muñeco. Parece increíble que el seleccionador argentino, Lionel Scaloni, no lo tenga en cuenta.

Es solidario con sus compañeros y uno de los líderes positivos de este ciclo súper exitoso de River. Es el primer encargado de ejecutar los penales en el equipo, pero como venía de fallar uno ante Vélez, en la Superliga, no se le cayeron los anillos por correrse a un costado y permitirle al delantero Rafael Santos Borré que rematara, a los 7 minutos de partido (el colombiano convertiría el gol, con un tiro al medio del arco). Luego, a los 24 minutos del segundo tiempo, tendría su desquite, anotando su gol número 23 en el equipo rojiblanco.

«Merecimos ganar. Por ahí, si hubiéramos estado un poco mas precisos, podríamos haber hecho más goles. Es un buen resultado, pero hay que tener tranquilidad, la llave está abierta. Tenemos que ir a jugar igual a la Bombonera como en todas las canchas. En este primer partido generamos situaciones, faltó convertir algún gol más, pero sacamos buena diferencia», fue la radiografía que hizo Nacho Fernández, el hombre que lo sabe todo y lo ejecuta como maestría.

Ya lo dijo Juan Román Riquelme, uno de los máximos ídolos de la historia xeneize (sino el máximo referente), hace un puñado de días, al presentar su partido despedida: «El que juega bien, juega bien. Yo no tengo dudas de que Nacho (Fernández) es el mejor jugador del fútbol argentino desde hace mucho tiempo. Soy una persona que le gusta ver cómo juegan a la pelota. Fue el que nos complicó la vida y nos dio vuelta la final en Madrid, el culpable fue él. El día que nos tocó jugar la final en Madrid, en el gol de Pratto, hizo algo que no es normal en una final. Decirle a un compañero, con el arco libre, ‘tomá y hacelo’ no es normal. Agarró la pelota en mitad de cancha, la llevo hasta el área y le dijo ‘hacelo’…». Tal fue el daño que Fernández le hizo a aquel Boca dirigido por Guillermo Barros Schelotto, que el propio Mellizo intentó llevarlo a Los Ángeles Galaxy a principios de esta temporada, cuando al exnúmero 7 debió emigrar de la Ribera y buscar trabajo como entrenador en el exterior, bien lejos de las luces azul y oro.

Nacho no necesita tener peinados raros, tatuajes ni barba para llamar la atención. Tiene un físico flacucho que hasta lo hace parecer débil. Lleva brackets en su dentadura y su pelo es corto y prolijo. Sus compañeros lo llaman, amistosamente, «sordo», porque tiene problemas de audición de los que deberá operarse en un futuro. Tiene 29 años, pesa 67 kilos, mide 1,82 y parece mucho más joven de lo que es. Cuando traslada la pelota, muchas veces, parece que en cualquier momento la perderá o trastabillará, sin embargo es difícil que pierda el control. Corre y juega, piensa, cubre y retrocede. Si se destaca, es imposible que River juegue mal. Juega, marca, gambetea, se desgasta y tiene gol; siempre es clave para el Muñeco. Parece increíble que el seleccionador argentino, Lionel Scaloni, no lo tenga en cuenta.

Es solidario con sus compañeros y uno de los líderes positivos de este ciclo súper exitoso de River. Es el primer encargado de ejecutar los penales en el equipo, pero como venía de fallar uno ante Vélez, en la Superliga, no se le cayeron los anillos por correrse a un costado y permitirle al delantero Rafael Santos Borré que rematara, a los 7 minutos de partido (el colombiano convertiría el gol, con un tiro al medio del arco). Luego, a los 24 minutos del segundo tiempo, tendría su desquite, anotando su gol número 23 en el equipo rojiblanco.

«Merecimos ganar. Por ahí, si hubiéramos estado un poco mas precisos, podríamos haber hecho más goles. Es un buen resultado, pero hay que tener tranquilidad, la llave está abierta. Tenemos que ir a jugar igual a la Bombonera como en todas las canchas. En este primer partido generamos situaciones, faltó convertir algún gol más, pero sacamos buena diferencia», fue la radiografía que hizo Nacho Fernández, el hombre que lo sabe todo y lo ejecuta como maestría.

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